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Voluntad política y valentía real para abordar la complejidad de la frontera

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Hablemos claro. Se le llame o no crisis, la situación en la frontera, con miles de menores arribando solos todos los días, ha ocurrido y seguirá ocurriendo, esté o no Joe Biden en la Casa Blanca, o esté otro republicano más recalcitrante que Donald Trump.

Con demócratas o republicanos en el poder seguirán llegando migrantes todo el tiempo, porque las condiciones en sus países solo empeoran para quienes huyen del hambre, del desempleo, de la violencia de narcos y pandilleros; o para los padres que quieren impedir que sus hijas sean violadas o secuestradas, o que sus hijos sean reclutados por pandillas y cárteles.

Todo este debate semántico de cómo se le debe llamar a lo que está ocurriendo en la frontera se sigue viendo en función de lo que conviene políticamente a los partidos en el poder. Los republicanos, que aplaudieron y solaparon las políticas crueles y racistas de Trump en la frontera, ahora tienen el descaro de aludir a la humanidad de los niños migrantes no porque quieran resolver el problema, sino porque aún desde la minoría controlan el mensaje mediático, sin decir, claro está, que si hay crisis, esta fue heredada porque Trump desmanteló todos los programas de asilo para facilitar que estos menores solicitaran desde sus países de origen.

También se dedicó a enviar migrantes de regreso a México a tramitar sus solicitudes. Eliminó fondos de programas de asistencia a los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica, que son los que más migrantes envían a Estados Unidos.

Pero eso a nadie le importa porque solo ven el alza en el arribo de migrantes como argumento perfecto para atacar a Biden, y muchos en los medios en inglés lo ven como “la historia del momento” que capta su atención, porque como no tenemos suficientes crisis con la del Covid y sus secuelas económicas, pues vamos a sacar la de la frontera de toda proporción, a fin de alimentar el argumento de que es una bomba de tiempo en manos de la recién estrenada administración demócrata.

Como el debate migratorio para muchos de estos medios en inglés únicamente se da en función de la burbuja política de Washington, resulta hasta risible ver cómo van a reportar desde la frontera y se percatan de que los migrantes son reales, hablan y expresan por qué vienen a este país. La desesperanza y la desesperación son su motor y van a venir independientemente de si son demócratas o republicanos los que controlan el poder.

Dicho sea de paso, han sido los medios informativos en español los que por décadas llevan reportando sobre la dinámica en la frontera desde la frontera, desde los pueblos que más envían migrantes al Norte, y entrevistando a los protagonistas de este drama para que digan de primera mano por qué arriesgan sus vidas para llegar hasta acá.

De la otra parte en este debate están los demócratas. Hasta el momento, la Casa Blanca de Biden se ha mostrado más receptiva a buscar una solución humanitaria al aumento en el flujo de menores y migrantes que arriban a la franja fronteriza. La pregunta es qué va a pasar cuando la polémica apriete. ¿Se mantendrá como hasta ahora o comenzará a ceder terreno y a ejercer políticas de mano dura para demostrar que todo está bajo control?

Ocurrió durante la administración de Barack Obama, que tras promesas de reforma y con la excusa de obtener “apoyo” republicano para dicha reforma recrudeció las deportaciones.

El apoyo republicano no llegó entonces, ni llegará nunca, porque la retórica antiinmigrante es su caballito de batalla electoral.

Ahora, lamentablemente, ya soplan los vientos del argumento bipartidista en el Senado. ¿Quién, en su sano juicio, puede creer que habrá apoyo republicano a un plan de reforma migratoria cuando ese partido ni siquiera apoyó el plan de rescate de Covid, y ni siquiera el asalto al Capitolio por parte de fanáticos de Trump, que resultó en muertes, logró que se desligaran de su líder?

Más claro no canta un gallo. Si los demócratas esperan apoyo republicano para avanzar la reforma, mejor nos olvidamos del asunto. A no ser que, como siempre, utilicen el argumento de esa falta de apoyo como la eterna excusa para la inacción. El eterno, “lo intentamos, pero los republicanos lo impidieron” ya ha sido perfeccionado; pero ojo, porque corren el riesgo de aislar y decepcionar a un sector de la coalición de votantes que los catapultó a la Casa Blanca y a sus estrechas mayorías en el Congreso.

Así que llámenle “crisis”, “reto” o “desafío”, es un problema de décadas que tiene una solución compleja para la cual se necesita invertir capital político y valentía. Y esta última, en materia migratoria, siempre ha estado en escasez.

Maribel Hastings