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No, secretario Kelly, la ley de inmigración no deporta a la gente, sino usted

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O el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, está deliberadamente engañando al pueblo estadounidense, o bien él ha sido el timado. El exgeneral de Infantería de Marina y capitán del Comando Sur de Estados Unidos ha permitido él mismo convertirse en el “sí, señor” de Donald Trump, llevando a cabo la persecución de los inmigrantes indocumentados alrededor de Estados Unidos como un soldado raso.

Kelly, cuya carrera militar fue hecha a base de decisiones inteligentes, ha permitido convertirse en la cara visible del esquema opresivo de Trump para erradicar de Estados Unidos a los 11 millones de inmigrantes indocumentados y cerrar sus fronteras a los refugiados y musulmanes. Lo sabemos porque el mismo Kelly lo ha dicho, eludiendo cualquier responsabilidad personal en torno al costo humano de la cruel campaña de deportación del DHS, con base en la débil excusa de que “la ley deporta a la gente”, no él o ICE.

En realidad, Kelly tiene la incuestionable autoridad para ordenar a sus agentes que se enfoquen en la remoción de delincuentes, en lugar de destruir familias. La Suprema Corte de Estados Unidos ha reconocido el poder del secretario para detener las deportaciones, con base en “las particularidades de un caso”, tomando en cuenta “muchos factores, como por ejemplo si” una persona “tiene hijos nacidos en Estados Unidos, fuertes lazos en la comunidad o un historial de servicio militar distinguido”.

En otras palabras, la ley no deporta con rigidez a la gente como lo asegura Kelly. Es Kelly quien con toda rigidez deporta a la gente al rehusarse a ejercer la “discreción procesal”, con base en las ideas de justicia, equidad y, sí, en el sentido común. Todo profesional encargado de aplicar la ley sabe lo que significa hacer uso de la discreción, excepto, al parecer, Kelly. Por ello no es de extrañar que muchos funcionarios locales alrededor del país hayan denunciado las agresivas tácticas de Kelly para hacer más seguras a sus comunidades.

Esto incluye a gente como Maribel Trujillo, de Fairlfield, Ohio, una madre de cuatro niños ciudadanos estadounidenses que fue arrestada por agentes federales y deportada. Y José Escobar, un esposo indocumentado de una ciudadana estadounidense y padre de un bebé nacido aquí, que fue removido del país tras presentarse a su cita anual con ICE. Ellos son parte del 38% de aumento en los casos de inmigrantes indocumentados arrestados desde que Trump asumió el poder, lo cual incluye un enorme salto al 156% de arrestos de inmigrantes respetuosos de la ley en sus comunidades.

El mismo secretario Kelly emitió órdenes draconianas que destrozaron las prioridades de seguridad migratoria del presidente Obama, que se enfocaba en delincuentes y en quienes eran una amenaza para la seguridad, en lugar de perseguir inmigrantes indocumentados con fuertes lazos en Estados Unidos. Todo lo que Kelly ha ordenado a sus agentes de ICE es perseguir a cualquier indocumentado que se encuentren y arrestarlo sin importar cuánto tiempo haya estado aquí o cuán valiosa ha sido su contribución a la economía y al tejido social de sus comunidades.

Kelly pudo asimismo haber escrito a sus agentes: “Al diablo con los ‘bad hombres’, vayamos tras los más fáciles de detener”.

Qué es exactamente lo que están haciendo. El mes pasado en Ann Arbor, Michigan, la Fuerza de Deportación de ICE arrestó a tres trabajadores de la cocina del restaurant Sava, con base solamente en la discriminación por su color. Esto lo hicieron los agentes después de disfrutar de un delicioso desayuno. Las únicas prioridades que dichos agentes de ICE ejercieron esa mañana fueron las de comer, discriminar y detener.

Kelly y su Fuerza de Deportación de ICE pueden esconderse tras los tecnicismos de un anticuado estatuto de inmigración, pero las cortes están empezando a retroceder en torno a la injusticia que significa dividir a las familias en nombre de la ley. La semana pasada, mediante una mordaz opinión, el juez del Noveno Circuito de la Corte de Apelaciones, Stephen Reinhardt, criticó severamente al gobierno de Trump que afirma que se enfoca en delincuentes, mientras persigue a gente como Magaña Ortiz, un empresario de 45 años de Hawaii que ha vivido en Estados Unidos durante décadas y a quien el juez calificó como “un pilar de su comunidad y un devoto padre y esposo”. Reinhardt escribió: “El presidente Trump ha afirmado que sus políticas de inmigración se enfocarían en los ‘bad hombres’”. Pero, concluyó el juez, “incluso los ‘good hombres’ no están a salvo”.

La verdad es que Kelly puede hacer más que repetir como loro el antiinmigrante discurso del gobierno, mientras lleva a cabo sin criterio propio el inadmissible ataque contra los inmigrantes, tanto indocumentados como documentados. Él puede elegir entre cumplir con su juramento al pueblo estadounidense de mantener seguro al país al enfocarse en delincuentes y en quienes sean una amenaza a la seguridad, y no en los abuelos y padres indocumentados, así como en los Dreamers.

O no.

La opción (y el legado) es suyo.