Mientras el gobierno de Donald Trump sigue celebrando los $240 mil millones de dólares que ahora tiene para su maquinaria de detenciones y deportaciones, en días pasados se reveló que entre los detenidos se cuentan 500 niños y bebés desde que el presidente asumió su segundo mandato en enero de 2025.
El análisis de MS Now y The Marshall Project ilustra el nivel de crueldad de la política migratoria del presidente que en su primera administración separó a bebés y niños de sus padres, y ahora los encarcela sin ofrecer alimentos adecuados, ni atención médica o psicológica cuando se requiere, ni medicamentos a tiempo resultando en problemas físicos y mentales cuando esos menores están en pleno desarrollo.
Ya conocemos la saña con la que opera este gobierno pues no se trata únicamente de detener y remover personas del país. Se trata de infligir daño.
Este lunes 15 de junio fue el 14to aniversario de la implementación de DACA que concede permisos de trabajo y protección de la deportación a quienes fueron traídos de niños sin documentos. Es un programa que Trump quiere eliminar a toda costa y al no poder hacerlo automáticamente, opta por hacerles la vida imposible a los beneficiarios con retrasos en la renovación de sus permisos. Muchos pierden sus empleos y de paso, son vulnerables a ser detenidos y deportados.
Entre el 1 de enero y el 19 de noviembre de 2025, ICE arrestó a 261 beneficiarios de DACA y deportó a 86 de ellos, según el DHS. Organizaciones afirman que las cifras son superiores.
Asimismo, las historias de horror en los centros de detención que operan grupos privados de dudosa reputación han dado paso a huelgas de hambre en al menos cuatro estados.
Se calcula que desde enero de 2025 han muerto 52 personas en centros de detención, 33 en 2025, y en lo que va de 2026, ya suman 19. Eso incluye a quienes se han suicidado bajo custodia de ICE.
La situación de los niños es una de las más críticas por el trauma que sufren al ser testigos de la detención de sus padres en violentos operativos migratorios, al ser colocados en hogares sustitutos o con familiares y conocidos, o al ser detenidos junto con sus padres.
El centro de detención Dilley, en Texas, a donde se envían familias detenidas, tiene tantas fallas que incluso fue cerrado durante la presidencia del demócrata Joe Biden. Pero Trump lo reabrió tan pronto asumió su cargo por segunda ocasión.
El análisis de MS Now y The Marshall Project señala que “desde que la administración Trump llegó a la Casa Blanca el año pasado, al menos 500 bebés y niños pequeños han pasado parte de esa etapa crucial (de crecimiento) bajo la custodia de ICE”.
“El ICE ha aumentado drásticamente las detenciones de niños menores de 3 años, manteniendo a 25 de ellos bajo custodia en un día promedio entre enero de 2025 y marzo de este año”, agrega el reporte basado en datos obtenidos por el Deportation Data Project.
Según los padres entrevistados, las pésimas condiciones “dejaban a sus hijos pequeños enfermos, aislados y con un retroceso en su desarrollo físico e intelectual”.
“Tener a niños tan pequeños en un entorno carcelario con cientos de otros niños y padres simplemente hace que se enfermen repetida y constantemente. Así que tienen fiebre, tosen, vomitan, tienen diarrea. Simplemente se sienten muy mal”, indicó a los analistas Elora Mukherjee, profesora de la Facultad de Derecho de Columbia, quien ha representado a más de 80 niños y padres encarcelados en Dilley.
El documento relata casos estremecedores de la ansiedad que sufren los niños y las consecuencias físicas y mentales.
Uno de esos casos es el de Amalia, una niña con fiebre severa que ya estaba letárgica y en la clínica de Dilley solamente le dieron Tylenol y le dijeron a sus padres que dejaran de quejarse. La niña perdió el conocimiento.
La madre de Amalia, Kheilin Valero Marcano, les preguntó: “¿Van a dejarla morir?”
“Según la familia, Amalia acabó pasando más de una semana en un hospital externo, después de que sus niveles de oxígeno bajaran a niveles peligrosos. Allí le diagnosticaron COVID-19, una infección de oído, neumonía, bronquitis y VSR, una enfermedad infantil común, pero potencialmente grave, que afecta a los pulmones”, señala el reporte.
Bajo el gobierno de Trump, el daño no discrimina e incluso los bebés parecen considerarse “lo peor de lo peor”. La niña Amalia y sus padres fueron liberados en febrero. Lo que no queda claro son las secuelas a largo plazo que sufrirán Amalia y el resto de los menores.