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La compasión convenenciera de Trump

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El presidente Donald J. Trump ordenó la lluvia de misiles sobre una base militar siria en respuesta al ataque con gas sarín del presidente de Siria, Bashar al-Asad, sobre civiles, incluyendo niños, y las imágenes lo habrían sacudido al grado de dar un viraje de 180 grados sobre sus posturas de aislacionismo y no intervención.

Pero es difícil creer en los arranques de compasión de quien como civil, candidato presidencial y posteriormente presidente nunca ha demostrado compasión, incluyendo hacia niños.

En 2013, tras otro ataque de Asad que cobró la vida de 1,400 civiles, muchos de ellos niños, el ciudadano Trump, vía Twitter, instó al presidente Barack Obama a no atacar a Siria e incluso dijo que Obama requería autorización del Congreso antes de bombardear instalaciones sirias. Obama no actuó en parte porque el Congreso republicano, el mismo que no fue consultado por Trump y que en gran medida ahora aplaude la acción militar de Trump, no tuvo apetito para autorizar una intervención militar en Siria.

Cuando la administración Obama, presionada por la comunidad internacional, aumentó a 10 mil la cifra de refugiados sirios admitidos a Estados Unidos, Trump también lo criticó diciendo que quién sabe quiénes son, y algunos, dijo, “pueden ser ISIS”.

Entonces no hubo compasión de parte de Trump. Como tampoco la hubo ante las imágenes de refugiados sirios ahogados en el Mediterráneo. La foto más emblemática del sufrimiento sirio le dio la vuelta al mundo en septiembre de 2015:  Alan Kurdi, un bebé de apenas tres años de edad, ahogado, boca abajo, en una playa cerca de Bodrum, Turquía.

Y entrado el año electoral 2016, Trump se dedicó a vociferar cómo ejercería mano dura comenzando con una prohibición de ingreso a Estados Unidos de musulmanes.

Trump ganó y, tras su juramentación, una de sus primeras acciones fue precisamente concretar esa prohibición musulmana con órdenes ejecutivas que, entre otras cosas, suspenden indefinidamente la admisión a Estados Unidos de refugiados sirios, incluyendo bebés, niños y sus madres que huyen de la violencia de la guerra civil. No olvidemos que como candidato Trump afirmó falsamente que entre los refugiados sirios no había muchas mujeres ni niños, aunque 75% de los refugiados sirios son precisamente mujeres y niños. Trump incluso llegó a decir que de ganar la presidencia retornaría a Siria a los refugiados que ya estuvieran en Estados Unidos.

La primera orden ejecutiva de Trump fue bloqueada en los tribunales. Giró otra que no suspende indefinidamente el ingreso de refugiados sirios, pero sí mantiene la suspensión por 120 días de todos los refugiados a Estados Unidos. Esta segunda orden también fue bloqueada en tribunales.

La compasión “a la Trump” es complicada, pues mientras lamentó que “hermosos bebés” hayan sido víctimas fatales de los horrores de un dictador, sus políticas han abogado por mantener a esos mismos bebés sirios y a sus madres fuera de Estados Unidos.

Tampoco hay compasión por bebés y niños, muchos de ellos ciudadanos estadounidenses con padres indocumentados, a un paso de convertirse en una estadística más de la Fuerza de Deportación de Trump.

Pero parece que en este país una lluvia de misiles levanta los sentimientos patrióticos incluso de los más acérrimos críticos de Trump, algunos de los cuales catalogaron su decisión de “presidencial”.

Y nada como una lluvia de misiles para tratar de desviar la atención de los problemas de esta administración en diversos frentes, sobre todo en torno a las pesquisas para tratar de determinar si figuras de la campaña de Trump coordinaron con Rusia esfuerzos para ayudar a Trump a ganar la presidencia.

¿Viene la recién encontrada compasión de Trump acompañada de algún cambio hacia su política de refugiados? ¿Fue solo un arranque de compasión acompañado de misiles sin una clara política hacia la crisis en Siria?

The New York Times informó el domingo que la acción de Trump se ha topado con sentimientos encontrados de parte de refugiados sirios. Una de ellos, Yasmine Mashaan, ahora radicada en Alemania, lo resumió de este modo: “Sería magnífico si continuara en la dirección de salvar más civiles o establecer una zona de seguridad, pero luego de sus discursos racistas y de sus políticas antirrefugiados, quizá el ataque fue por (fines de) popularidad”.

A la  compasión convenenciera de Trump se le ve la costura.

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice