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Las revoluciones no se hacen en un día

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Ver la historia desarrollarse ante tus propios ojos, sean cosas positivas o negativas, es un proceso educativo y edificante.

Hillary Rodham Clinton hizo historia anoche como la primera mujer en aceptar la nominación presidencial de un principal partido nacional, 97 años después que se aprobara la Decimonovena Enmienda de la Constitución, que garantiza el derecho al voto de las mujeres en este país, y casi 96 años después que dicha enmienda fuera ratificada el 18 de agosto de 1920.

Si resulta electa el 8 de noviembre, Clinton rompería otra barrera como la primera presidenta de esta nación.

En 2008, Barack Obama rompió otra barrera como el primer afroamericano en ser nominado presidencial y posteriormente electo presidente de esta nación, 145 años después que un presidente republicano, Abraham Lincoln, proclamara el fin de la esclavitud en Estados Unidos y 143 años después que fuera ratificada en la Decimotercera Enmienda de la Constitución.

Su elección en 2008 se produjo además 44 años después que se ratificara la Ley de Derechos Civiles de 1964 que prohibió la discriminación por raza, color, religión, género u origen nacional. Y 43 años después de promulgada la Ley de Derecho al Voto que prohíbe la discriminación racial a la hora de sufragar.

No sólo eso. Obama fue reelecto en 2012, y aunque es imposible conseguir todo lo que un presidente se propone, así sea en los dos periodos permitidos en Estados Unidos, su presidencia ha tenido significativos logros. La anhelada reforma migratoria que ayudaría a millones quedó en el tintero; la Acción Diferida para los llegados en la Infancia, DACA 2012, ha ayudado a miles de DREAMers, pero las deportaciones han separado familias. Ahora Clinton asume la deuda pendiente con la comunidad inmigrante y los votantes latinos.

Y en mi muy personal opinión, el discurso de unidad y una positiva visión de futuro que ofreció Obama el miércoles a favor de la candidata presidencial demócrata, Hillary Rodham Clinton, ha sido uno de los más inspiradores del mandatario desde su discurso de aceptación de la nominación presidencial en 2008.

Ahora Clinton se encamina a unificar su fragmentado Partido Demócrata, a convencer a los seguidores de su rival en las primarias demócratas, Bernie Sanders, de que la visión que ofrece, aunque imperfecta, es una mejor alternativa que abstenerse de votar, porque la alternativa republicana de xenofobia, miedo y exclusión no refleja los valores de este país.

Si Obama y Clinton rompieron barreras tras décadas de intentos, las nuevas generaciones que se están levantando y que acogieron con brazos abiertos la agenda social y política de Sanders, no pueden quitar el dedo del renglón para conseguir las transformaciones progresistas que tanto defienden.

Su trabajo apenas comienza.

En los casi 30 años que llevo cubriendo estos procesos, me ha tocado ver el ascenso de un afroamericano a la presidencia no una, sino dos veces; el ascenso de una mujer a la nominación presidencial y potencialmente a la presidencia; y la revolución progresista de un senador de 74 años que ha inspirado a millones a través del país, sobre todo jóvenes. Son, en efecto, transformaciones históricas que se han ganado por derecho propio.

Y algún día, un latino o una latina también hará historia como presidente o presidenta de esta gran nación. Algún histórico día, no muy lejano, que también espero ver.

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice.