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El impacto moral y las consecuencias económicas de la deportación masiva nos recuerdan por qué Trump representa una prueba de fuego para el Partido Republicano

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Además del daño moral en Estados Unidos, el estudio del centro-derechista American Action Forum encuentra que la deportación masiva infligiría grandes costos económicos; no hay espacio para la equivocación: los funcionarios electos republicanos deberían seguir el ejemplo del senador Ben Sasse y otros para rechazar a Trump

Nunca creímos que Donald Trump intentaría, o sería capaz, de cambiar su calaña nativista y antiinmigrante en su camino a la contienda electoral general. Con total seguridad, el presunto nominado republicano reiteró anoche su visión de deportación masiva durante una entrevista con Lester Holt, de NBC News. Tras reafirmar su apoyo a prohibir la entrada de musulmanes, Trump dijo en relación con los inmigrantes indocumentados:

“Sí, ellos van a ser deportados. Mira, tenemos o no tenemos país. Tenemos demasiados ilegales en el país. Y tenemos que echarlos, y pasar por un proceso, por un sistema…”

Como lo subrayamos ayer, Trump está intentando generalizar una visión de Estados Unidos extraída directamente de los grupos radicales de los movimientos nacionalistas blancos y antiinmigrantes. Busca poner en práctica su plan de deportación masiva mediante una Fuerza de Deportación, que tendría la finalidad de expulsar a todos los inmigrantes indocumentados y a millones de niños ciudadanos estadounidenses en los primeros dos años de su gestión. Esta visión distorsionada resultaría en lo siguiente: Agentes de inmigración patrullando en los vecindarios latinos; un masivo incremento en la detención y deportación de inmigrantes indocumentados; niños ciudadanos estadounidenses sufriendo la revocación de su ciudadanía y sus pasaportes; familias llorando por ser separadas; trabajadores inmigrantes expulsados de sus trabajos y obligados a acrecentar el sector informal de mano de obra explotada; una masiva ola de resistencia y conflictos en todo el país; aliados alrededor del mundo denunciando a Estados Unidos por abusos contra los derechos humanos…

Además de las profundas consecuencias morales de llevar a cabo la deportación masiva, el centro-derechista American Action Forum dio a conocer un estudio en el que subraya las impactantes consecuencias económicas de la visión de las deportaciones masivas de Trump:

 “[Poner en práctica la deportación masiva] reduciría la producción real del sector privado de 2.9 a 4.7 por ciento o de $381.5 billones $623.2 billones. Las consecuencias negativas de expulsar a todos los trabajadores indocumentados del sector privado sería particularmente perjudicial para las industrias que empelan a esos trabajadores, como la agrícola, la construcción, el esparcimiento y la hotelería”.

El impacto moral y las consecuencias económicas de la deportación masiva subrayan el porqué esta es una prueba de fuego para los republicanos, ya sea que estén #conTrump o no.  No hay espacio para la equivocación o la ambigüedad en este asunto, como país deberíamos estar antes que un partido. A menos que los republicanos sigan el ejemplo del senador Ben Sasse, los representantes Bob DoldAdam Kinzinger, de Illinois; Mark Sanford, de Carolina del Sur; Scott Rigell, de Virginia, Reid Ribble, de Wisconsin; Ileana Ros-Lehtinen y Carlos Curbelo, de Florida; el gobernador de Massachusetts, Charlie Baker, y otros, y repudien la visión de Trump y anuncien que no votarán por él, le están dando protección y apoyo a él y a su peligrosa visión de Estados Unidos.

De acuerdo con Frank Sharry, director ejecutivo de America’s Voice, “esta no es una elección ordinaria. Los republicanos que saben de corazón que Donald Trump es contrario a lo que somos como país y nuestros más preciados valores, y deciden apoyarlo, serán marcados para el resto de sus vidas como cobardes morales. Aquellos que asuman una postura de principios y pongan al país por encima de un partido serán recordados para siempre por su valor, pero también serán los verdaderos republicanos con la decisión de construir un Partido Republicano que deja de favorecer el nativismo y se adapta al cambiante electorado estadounidense. Esta es una prueba de fuego. Todo Estados Unidos está observando y tomando nota. ¿Aborrece el fanatismo y el autoritarismo y abraza nuestra creencia en E Pluribus Unum, o se queda con el nominado cuyas políticas y opiniones están sumergidas en el racismo?”