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Como partido al que le gusta hablar de fe, ¿no deberían los republicanos acatar el llamado del Papa a mostrar compasión hacia los inmigrantes?

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Y como partido que quiere el poder, ¿no debería detener su veloz paso hacia la extrema derecha en inmigración? 

Ayer, el Papa Francisco celebró una misa en la frontera México-EEUU, llamando a la compasión y al decoro humano para con los inmigrantes y los que buscan asilo. Enseguida reproducimos algunas partes de su emotiva homilía:

Aquí en Ciudad Juárez, como en otras zonas fronterizas, se concentran miles de migrantes de Centroamérica y otros países, sin olvidar tantos mexicanos que también buscan pasar ‘al otro lado’. Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio del tránsito humano.

No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos. Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global. Esta crisis, que puede ser medida en cifras y estadísticas, nosotros queremos medirla con nombres, historias, familias…

Mientras tanto, los contendientes del Partido Republicano se pelean por demostrar quién es el más recalcitrante en su demonización de los inmigrantes y en su oposición a reformas sensatas. Y como Ted Cruz y Marco Rubio se están dando cuenta, es difícil superar en ello a Donald Trump. El candidato republicano favorito acusó al Papa de ser un peón político.

Para un partido que se apoya fuertemente en una plataforma de fe y valores, el contraste entre la humanización de los inmigrantes por parte de una de las figuras religiosas más importantes del mundo y la demonización que de los mismos inmigrantes hacen los candidatos del Partido Republicano representa un abismo de proporciones épicas. Un ejemplo adicional de esta desconexión es el gobernador de Texas, Greg Abbott, que interpuso la demanda que se encuentra pendiente en la Suprema Corte y que bloquea el alivio para millones de familias inmigrantes. Él siempre está listo para lanzar ataques políticos contra los inmigrantes y los refugiados. Ayer, incluso ni siquiera hizo caso de la misa del Papa en la frontera.

Aunque apegarse a políticas migratorias de línea dura pudiera parecer atractivo para candidatos como Donald Trump y Ted Cruz durante la etapa de primarias, hay evidencia creciente de que esas posiciones les serán contraproducentes en la elección general. Un reciente estudio de City University of New York/CNN en Español afirma que los latinos, la minoría más grande de la nación, está en posición de determinar quién será el próximo presidente. De acuerdo con el estudio, y contrario a lo que la mayoría de los candidatos republicanos pudiera esperar, la próxima elección probablemente llegue al grado de que los latinos muestren su fuerza en nueve estados: Nevada, North Carolina, Virginia, Colorado, New Hampshire, Pennsylvania, Wisconsin, Florida y Ohio. Ya no solamente es en estados con numerosa población latina, sino en importantes estados indecisos como Virginia y Ohio, donde los votantes latinos jugarán un papel decisivo en la selección del próximo presidente. Dada la dolorosa derrota de Mitt Romney en 2012 —y su triste apoyo de 23% entre los votantes latinos—, los continuos ataques del Partido Republicano contra los inmigrantes serán probablemente devastadores para sus opciones en la elección general.

Mientras tanto, en su viaje de regreso a Roma se le preguntó al Papa acerca de la insistencia de Donald Trump de construir un muro entre México y Estados Unidos y perseguir a 11 millones de inmigrantes indocumentados para deportarlos. ¿Su respuesta? “Una persona que piensa sólo en construir muros, sea donde sea, y no en construir puentes, no es cristiano”.