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Serie: Lo que realmente somos como inmigrantes

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Todos podemos servir y ser solidarios 

Desde muy niña, Acela Gómez Portalatín tuvo el deseo de ayudar a los demás y contribuir de alguna manera a mejorar la situación mundial. Esa pasión siempre la motivó, pero no tenía claro cómo ni dónde comenzar a desarrollar su sueño. A los 15 años emigró desde su natal República Dominicana a los Estados Unidos y en este país vio una puerta abierta para alcanzar sus objetivos.

Durante los cuatro años de la escuela secundaria formó parte del programa BuildOn, una organización sin fines de lucro cuya misión es romper el ciclo de la pobreza y el analfabetismo a través del servicio y la educación. Gracias a este programa logró conocer Nueva York más a fondo a través del servicio comunitario, donde trabajó transformando vecindarios, limpiando parques, ayudando en escuelas, hospitales, así como protestando en marchas masivas en favor de diferentes causas, como la del cáncer de mama y muchas batallas más.

Ya en su tercer año de secundaria pudo viajar a Malawi, África, en junio del 2014 con la finalidad de construir una escuela para los niños de una comunidad de bajos recursos; estos niños tenían que caminar por más de dos horas para llegar a la escuela, muchos de ellos sin ningún tipo de calzado. Acela cuenta que este viaje la hizo darse cuenta de la gran necesidad que hay en el mundo. Adicionalmente, también la hizo entender que todo cambio empieza por nosotros mismos: “Esta experiencia abrió mis ojos, y cada vez que tenga la oportunidad no lo pensaría dos veces para volver a participar”.

Al graduarse de la escuela secundaria en agosto 2015 ingresó a Borough of Manhattan Community College en NY. Recuerda que allí pudo vivir experiencias únicas en su crecimiento profesional. Participó en el programa ASAP, donde recibió ayuda financiera para pagar sus clases de verano. Gracias a este programa pudo estudiar en Italia en junio del 2017 y conocer la cultura italiana. Así, el saber hablar italiano hizo de su viaje algo más interesante, pues le permitió comunicarse con otras personas y disfrutar de esa cultura.

Durante su tiempo en la universidad también participó en CUNY Service Corp, programa brinda oportunidades a estudiantes universitarios para adquirir experiencia en trabajos relacionados con su profesión. Realizó una pasantía en el Fresh Air Fund y trabajó como subgerente, actividad que le permitió conocer y familiarizarse con un ambiente profesional de oficina por primera vez. El año pasado se graduó de la universidad con un título de asociado en Liberal Arts y decidió continuar avanzando en sus estudios.

Actualmente Acela está cursando su tercer semestre en Lehman College, una universidad en el Bronx, NY, estudiando Patología del Habla y del Lenguaje, carrera que considera determinante en sus objetivos, pues puede lograr cambios en la vida de las personas con dificultades para hablar y en la articulación del lenguaje.

En enero de este año Acela participó en el programa Lehman LIFE en su universidad, gracias al cual pudo viajar a Apopka, Florida, a conocer y aprender sobre la vida de trabajadores indocumentados, que trabajan durante más de 17 horas sin parar para obtener un sueldo decente y poder mantener a sus familias.

Conoció personas que trabajan muy duro para poder costear las universidades de sus hijos. En este viaje también aprendió que muchas de estas personas viven con miedo porque para llegar a sus trabajos deben desplazarse en auto, y al ser indocumentados no tienen licencia de conducir, corriendo el riesgo de ser detenidos por la policía y eventualmente deportados.

Uno de ellos le dijo una vez: “Vivo mi vida todos los días como si fuera el último día”. Así, por primera vez conoció de cerca a las familias indocumentadas que tienen hijos protegidos por el programa DACA y, al mismo tiempo, pudo ver el sacrificio que hacen cada dos años para pagar la renovación del permiso de sus hijos, a fin de seguir viviendo en el país legalmente.

También trabajó en las granjas y pudo experimentar en carne propia lo que esos trabajadores padecen diariamente: dolor en la espalda, en la cintura, así como un constante dolor de cabeza por los productos químicos que utilizan para fertilizar todo.

Conoció también a mujeres embarazadas que trabajaban arduas jornadas para mantener a sus familiares y obtener un sueldo estable, a sabiendas de que en su estado no deberían trabajar por el alto riesgo que corren. Lo peor, añade, es que están conscientes de ello, pero también saben que no tienen otra opción. Dice: “La realidad es muy triste y estas personas son seres humanos como cada uno de nosotros y viven como si fueran esclavos”.

Además de plantar vegetales o frutas, también visitó una granja donde se cosechan rosas y diferentes tipos de plantas para Disney World en Orlando, Florida, donde muchos de estos trabajadores ganan apenas el salario mínimo.

Actualmente, aparte de asistir a la Universidad, esta joven inmigrante tiene dos empleos: trabaja como Hostess y es maestra sustituta en el Departamento de cuidado de niños en la universidad a la que asiste. Recientemente fue elegida coordinadora de eventos en el club The Lehman Chapter of the National Student Speech Language Hearing Association (NSSLHA) y en los próximos meses participará de un programa de ayuda para Puerto Rico, coordinado por el gobernador Andrew Cuomo llamado CUNY Service Corp: Puerto Rico.

A sus 21 años Acela ha demostrado que la perseverancia, la fe y el esfuerzo son las claves para alcanzar sus sueños, y agrega que todos podemos servir, pero lo único que se necesita es un corazón y un alma piadosa, en concordancia con el pensamiento del teólogo Albert Schweitzer: “El propósito de la vida humana es servir, mostrar compasión y tener voluntad de ayudar a otros”.