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Serie: Lo que realmente somos como inmigrantes

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El Sueño Americano no conoce fronteras

El papel que juegan los padres en la vida de sus hijos es fundamental. Y ya sea en condiciones de riesgo o de seguridad, la búsqueda de una estabilidad en función del futuro de los menores no conoce fronteras.

Eso lo entendieron bien en su momento los padres de Kristy Pantaleón, una recién graduada de Ciencias Políticas Magna Cum Laude por la Universidad Florida State y quien está por entrar a la escuela de leyes ahí mismo.

A pesar de sus logros personales, ella afirma que todo el crédito lo merecen sus padres, pues en su opinión ellos han sido su mayor ejemplo y la razón por la que sus sueños no conocen límites.

Sus padres vinieron a este país desde la República Dominicana siendo sólo adolescentes, dejando atrás toda su vida y con la esperanza de alcanzar un mejor futuro. No sabían inglés, no tenían dinero y no tenían idea de lo que les deparaba el futuro: ellos eran la pura definición del dicho “un dólar y un sueño”.

Si bien entendieron que dejar atrás todo lo conocido para llamar a un nuevo país su hogar estaba lejos de ser un proceso fácil, nunca miraron hacia atrás. Sabían cuáles eran sus objetivos y estaban decididos a lograrlos, a pesar de todas las probabilidades de fracaso. Se adaptaron a un país completamente nuevo, aprendieron el idioma a la perfección y lograron llegar a la cima desde abajo, trabajando duro.

“Para mis padres soy el producto en la vida real del Sueño Americano”, dice Kristy convencida.

Y agrega: “Soy la cara de todos sus triunfos y logros”.

Por ello, el recibir su título universitario y convertirse en la primera de su familia en alcanzar este grado de educación “fue un honor como ningún otro”.

Tuvo la suerte, dice, de tener padres que caminaron con ella en cada paso de su carrera universitaria, apoyándola al cien por ciento.

Por eso recuerda: “Cuando crucé el escenario para recibir mi diploma, sentí la gratificación de ver sus rostros felices desde sus asientos en la audiencia. Ellos también caminaron conmigo. Verme graduada fue el trofeo simbólico de sus vidas”.

Hoy le enorgullece decir que es una estadounidense de primera generación. Y está especialmente orgullosa de decir que “en un mundo donde los inmigrantes y sus descendientes enfrentan grandes dificultades para superar las barreras sociales, soy una ilustración real del porqué Estados Unidos es realmente un sueño por el que vale la pena luchar”.

Quizá por eso es tan doloroso para ella, como para muchos, ver cómo aumentan los casos de familias separadas en la frontera sur de Estados Unidos. Esos 1,500 niños cuyo rastro se perdió tras pasar a custodia de las autoridades habrían podido lograr un sueño similar al de ella. En cambio, a esos niños se les está sometiendo a un daño psicológico que los expertos califican de irreparable. Sin embargo, el gobierno actual insiste en seguir adelante con sus políticas antiinmigrantes que derivan ya entre lo inhumano y lo cruel.

Ante situaciones así es cuando jóvenes como Kristy, que han tenido la oportunidad con la ayuda de sus padres de haber tenido una oportunidad de lograr sus metas, se enfrentan a una realidad ante la cual poner en práctica su aprendizaje y su deseo de mejorar las cosas, ahora ya a un nivel más amplio, socialmente hablando.

Dice, en ese sentido, que su mayor deseo es ayudar y brindar servicios a aquellos que no pueden ayudarse a sí mismos.

“En mi experiencia personal como hija de inmigrantes, he sido testigo de primera mano de lo difícil y frustrante que puede ser para las minorías navegar en el mundo legal, especialmente cuando ya es bastante difícil para ellos luchar contra el mundo cotidiano que los rodea”, reflexiona.

De este modo, ha sido testigo de “la lucha, las injusticias sociales, la discriminación y las implacables dificultades que las minorías enfrentan todos los días sin merecerlo”.

Espera en el futuro “elevar y empoderar a las comunidades minoritarias y brindar un sentimiento de alivio a esas personas”.

Llegar a ese modo de pensar ha sido producto por supuesto de la vida que le han dado sus padres y de haber tenido la fortuna de estar a su lado desde siempre. Por ello, dice estar agradecida por los sacrificios que hicieron para que ella pudiera vivir “esta hermosa vida, llena de posibilidades y oportunidades”.

Hoy dice ser “una persona fuerte, ambiciosa y valiente, producto de dos inmigrantes increíblemente fuertes, ambiciosos y valientes” también.