tags: Análisis

La venganza de los derrotados

Share This:

17/08/09 a 9:40pm por Rafael Prieto Zartha

Las gruesas lágrimas de la derrota de los conservadores más recalcitrantes ante el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre pasado quedaron registradas en el documental de la cineasta Alexandra Pelosi, “Right America: feeling wronged – some voices from the campaign trail,” que se ha trasmitido desde principios de este año por el servicio de televisión por suscripción HBO.

El filme realizado por la hija de la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, muestra los carteles emblemáticos de la campaña de McCain-Palin tirados en el suelo, como testigos mudos del descalabro republicano y el histórico triunfo de Barack Obama.

La rabia en los rostros de los que se resistían con intransigencia a la idea de que un afroamericano llegara a la Oficina Oval de la Casa Blanca está viva en la cinta, que no sólo presenta lo ocurrido en la noche del martes 4 noviembre, sino el rosario de testimonios de gente opuesta a Obama en 28 estados de la Unión Americana, durante el largo período de contienda electoral.

Pelosi, la premiada productora de documentales, le da seguimiento a la disputa por la presidencia en los enclaves más tradicionalistas de la nación, donde prevalece el protestantismo fundamentalista, las banderas confederadas, los aficionados a las carreras de NASCAR, los afiliados a la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y los opositores a derecho al aborto.

Tan sólo han pasado ocho meses desde que se vislumbraron por televisión las luces de los reflectores del triunfo demócrata en la noche inmarcesible del invierno jubiloso de Chicago, cuando se escuchó el estruendo de los gritos de “Sí se puede” en la ribera del Lago Michigan.

Esas imágenes parecen distantes ahora, en este crudo y difícil verano de 2009, cuando se vive una situación candente, de “odinga”, como diría el comediante Alexis Valdés en sus monólogos de Esta Noche Tonight.

Resulta que la mayoría silenciosa, que el finado ex presidente republicano Richard Nixon consideraba como su base y que se manifestó locuaz en el documental de Pelosi, en estos días está protagonizando una algarabía desaforada.

En ese territorio poblado por campesinos laboriosos donde algunos se autodefinen orgullosamente como “rednecks” (cuellos rojos) ha llegado el tiempo del desquite: el de la venganza de los derrotados.

Los dolientes de noviembre ahora han encontrado en la propuesta de reforma de salud de Obama una causa común para atacar al presidente y pasarle la factura de cobro por su triunfo.

Los que dijeron que jamás votarían por un negro hoy se aparecen orondos en los cabildos públicos a dirimir el debate sobre el futuro de la salubridad nacional a punta de gritos, empujones, escupitajos y puñetazos.

Los carteles con la cara de Obama luciendo un bigote hitleriano se han multiplicado en las afueras de los “town hall meetings”.

El rostro del presidente con las características de un zombi de labios ensangrentados, ojeras oscuras y piel mortecina lívida se distribuye por internet con el mote de socialista.

La caricatura del “niño” Obama siendo auscultado, estetoscopio en mano, por el “doctor” Carlos Marx, el padre del comunismo, circula entre quienes detestan al presidente y lo acusan de robar la Constitución.

El emblema de la hoz y el martillo entreverado con el símbolo de la campaña de Obama hace parte de de la parafernalia de camisetas, gorras y calcomanías que se distribuye para desprestigiar a Barack Hussein, a quien se le cuestionan su lugar de nacimiento y su patriotismo.

Sería irrealista desconocer que ahora la Casa Blanca se encuentra a la defensiva por intentar dar cobertura de salud a más de 45 millones de personas que carecen de seguro médico.

Si esto es así con la reforma de salud, que es un asunto que concierne a ciudadanos con derecho a voto, ¿cómo será la cosa con la reforma migratoria?

No dudo que a los lobos feroces que se oponen a la legalización de los indocumentados ya se les está cayendo la babaza por las ganas que tienen de entrar en el debate migratorio, para el que tienen prestos sus filosos colmillos y sus garras cortantes.

¿Cómo se defenderán los grupos en pro de la reforma migratoria en caso de que la situación se torne irascible?

¿Cuál será la respuesta racional de quienes defienden los derechos civiles de los inmigrantes cuando llegue la marejada de insultos, amenazas y vilipendios?

Espero que las agrupaciones pro inmigrantes y su liderazgo se estén reuniendo allá en Washington para diseñar una estrategia que pase olímpica sobre las grescas y logre el objetivo de regularizar a quienes carecen de papeles.

Mi esperanza es que lo que esté ocurriendo tras bambalinas no sea tan vergonzoso como lo que pasó en 2007, cuando el liderazgo en pro de la legalización se despedazó a dentelladas en lugar de mantener una postura unida.

Yo viví en Charlotte, Carolina del Norte, la discusión interna entre los miembros del grupo local, Comunidades por una Reforma Migratoria Integral (CCIR), que fue un reflejo de la bronca nacional pletórica de desaciertos infames.

La masa filmada por Pelosi en su documental y los intereses especiales del sector de la salud han logrado voltear la tortilla de la política nacional. Al liderazgo en pro de la reforma migratoria le toca ahora prepararse para tomar el sartén con pulso firme.

Rafael Prieto Zartha es un periodista y columnista de origen colombiano radicado en Carolina del Norte