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En busca de señales

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17/04/09 a 12:54pm por Maribel Hastings

Con la visita del presidente Barack Obama a México esta semana continuó el escrutinio de lo que dijo o no sobre el tema migratorio en busca de más señales sobre su compromiso de avanzar la reforma migratoria comenzando este año. Obama afirmó que su compromiso con la reforma sigue en pie, pero independientemente, esa intención es parte de un proceso que involucra a diversos actores, principalmente al Congreso.

Obama refrendó su intención de arrancar con el proceso este año, aunque en entrevistas concedidas a varios medios evitó centrarse en marcos específicos de tiempo para la acción final. Obviamente, la Casa Blanca está siendo cautelosa en los pronunciamientos públicos en torno a esos marcos de tiempo.

La semana pasada, tras publicarse un artículo del diario The New York Times indicando que la reforma migratoria integral sí sería una prioridad de Obama este año, la Casa Blanca reiteró que el artículo no supone nada nuevo porque la funcionaria citada sólo enumeró los objetivos trazados por Obama desde que era candidato presidencial.

Pero nuevo o no, fue una señal bienvenida entre los grupos pro inmigrantes.

Hasta el más optimista sabe que ésta será una lucha difícil.

Pero poco a poco hay señales de “movimiento”.

Por ejemplo, el anuncio el martes de que las dos principales organizaciones sindicales, la AFL-CIO y Change to Win, acordaron los lineamientos para apoyar un plan de reforma migratoria integral, uno que pide una comisión independiente para determinar los futuros flujos de trabajadores, sugiere que dos sectores opuestos en debates previos, intentan mostrar una sola voz.

Todo mundo entiende que ese anuncio supone a su vez encontronazos con los otros sectores, como el empresarial, que sí abogan por un plan de trabajadores temporales como condición para apoyar cualquier reforma.

Pero al menos es señal de que los actores se están posicionando.

El sector religioso, por ejemplo, movilizado desde 2006 por la llamada ley Sensenbrenner de crimininalización de los indocumentados y de quienes los asistieran, ha dicho presente en cada etapa.

Patty Kupfer, quien administra el programa de America’s Voice de apoyo y coordinación con grupos y organizaciones religiosas, explica que “el alza de las redadas en 2007 y 2008 tuvo el efecto de obligar a la gente a trazar una raya moral sobre la arena y decidir cuál iba a ser postura”.

“Desde la elección de Obama, los grupos religiosos se han estado organizando y coordinando en pos de la reforma como nunca antes había visto. Como decimos en la comunidad religiosa, el espíritu se está moviendo”, declaró Kupfer.

Los grupos pro inmigrantes, por su parte, con la experiencia de los debates previos, afinan la coordinación de su intenso cabildeo conscientes de que enfrentan a una oposición reducida pero ruidosa.

Y todos los sectores de este complejo asunto, sindicatos, grupos religiosos, pro inmigrantes, pro derechos humanos, empresarios, y la oposición, están representados en las facciones del Congreso que finalmente es el encargado de avanzar o matar cualquier legislación.

De ese Congreso se esperan las señales.

El portavoz presidencial, Robert Gibbs, dijo el jueves que Obama sabe que la inmigración no es un tema sencillo como otros que espera abordar, “pero ello no merma nuestra obligación de lidiar con ellos”.
Y agregó que para que esa reforma se apruebe en el Congreso y llegue a manos de Obama, se requiere una “saludable mayoría bipartidista”.

En palabras de Eliseo Medina, vicepresidente ejecutivo del Sindicato Internacional de Empleados de Servicio (SEIU), ya el proceso está en marcha en busca de 279 votos que harán realidad la reforma: 218 de la Cámara Baja, 60 del Senado y la firma de un presidente: Barack Obama.